¿Te imaginas?

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¿Te imaginas que, desde que eras pequeño, te hubiesen dado la oportunidad de descubrir y desarrollar tus talentos?

Actualmente existe un 33% de fracaso escolar, llamando “fracasado escolar” a aquel que no consigue terminar sus estudios.

Pero, ¿y si la pregunta la llevamos también al terreno profesional? ¿Cuántas personas se dedican a hacer lo que verdaderamente les gusta?

En ese caso, creo que podríamos estar hablando de un 95% de fracaso, ya que solamente un 5% de la población consigue estudiar y desarrollar profesionalmente su vocación personal.

¿No es esto preocupante? ¿Qué está fallando?

Si nos movemos en un sistema en el que la Educación es estandarizada, donde prima lo “académico” respecto a lo “personal”, donde es más importante saberse los afluentes del Miño que aprender a gestionar las emociones. Cuando todo en el ser humano está producido por emociones. En lugar de enseñarnos a entenderlas y gestionarlas, aprendemos de memoria cómo hacer logaritmos neperianos.

Nos siguen programando como a máquinas de la Época Industrial, y todavía no se han dado cuenta de que no sólo hemos superado esta Época, sino que estamos acabando con la Época del Conocimiento, entrando ya en la Época del Talento.

En Colegios y Universidades se agrupa a los alumnos por el mero hecho de haber nacido en el mismo año, donde las diferencias de capacidades de unos a otros es muy alta, restando opciones de desarrollarse a los más avanzados y obligando a los que tienen más dificultades a llevar un ritmo que no es el suyo.

Curiosamente, todo esto lleva a gran parte del fracaso escolar, donde unos alumnos se aburren y otros no alcanzan.

Y yo me pregunto, ¿es que los niños que tienen un proceso de aprendizaje más lento, o alguna dificultad o déficit como gusta llamarlo, no tienen talentos especiales? ¿Es que no son personas únicas con capacidades únicas? Creo que un tal Beethoven era sordo…

Pues bien, en lugar de descubrir cuáles son esas capacidades y darles la oportunidad de desarrollarlas, sintiéndose útiles, integrados e igual de importantes que el resto, preferimos decir que son personas “con problemas” y limitarles y condicionarles el resto de sus vidas.

En la Universidad, elegimos la carrera por las “salidas profesionales” que tiene y por el dinero que se va a ganar, más que por lo que realmente nos llena y nos atrae. Por supuesto, movidos por nuestro entorno.

Para acceder a la Universidad, se hace mediante un sistema de corte por nota media, donde sólo acceden aquellos que la superan, siempre que además tengan la suerte de conseguir plaza.

Esto lleva a otra pregunta. Actualmente, Medicina requiere una nota media de 8,87.

¿Podemos pensar que un chaval que tiene un 5,7 no podría llegar a ser  un gran médico? Es más, ¿no podría llegar a ser uno de los mejores médicos del país? ¿Por qué, porque no se le dan bien la Geografía, la Lengua o la Educación Física? Pues no, en nuestro sistema, este chaval nunca podrá ser médico. Da que pensar…

En lugar de desarrollar las capacidades de cada persona desde que somos pequeños y que cada uno se oriente hacia sus verdaderos potenciales y talentos, les sometemos a asignaturas y métodos educativos pensados para la mayoría. Y es curioso, pero cada vez que se piensa algo para “la mayoría”, no llega a representar realmente a nadie.

¿Por qué no pensamos un sistema para la mayoría, pero donde el protagonista sea el individuo?

¿Acaso una persona que considere que ha fracasado en la vida es porque es menos capaz que otros, o es porque no ha tenido las mismas oportunidades?

Siempre se ha dicho que los maestros de Einstein pensaron que tenía algún tipo de retraso, ya que no atendía en clase y estaba siempre distraído.

Michael Jordan, elegido mejor jugador de la historia del baloncesto, fue apartado de su equipo ya que dijeron que para su altura (1,80m) estaba subdesarrollado.

O que Steve Jobs, fundador de Apple y considerado uno de los genios de nuestra época, nunca llegó a terminar la Universidad.

Y tantos otros miles de ejemplos que habrá como éstos, sobre personas que parecían fracasados pero tuvieron una oportunidad y la aprovecharon.

Lo que de verdad es preocupante, es cuántas personas habrá que ni siquiera hayan tenido una oportunidad para demostrar sus talentos. ¿Cuántos Einsteins, Jordans o Jobs se ha perdido el mundo? ¿Y cuántos se va a perder?

Coaching&YOU nace con la intención de poner su granito de arena para que esto deje de suceder.

Si todas las personas implicadas en el Sistema Educativo nos damos cuenta de que podemos hacer mucho, tratando a cada persona como un ser único, pensando que tiene algo único que aportar a este mundo, este camino de fracaso puede convertirse en un camino de autosuperación, de retos, de personas comprometidas consigo mismas y con los demás.

Porque, si tú encuentras tu camino y haces lo que realmente te hace feliz y sientes que eres bueno en ello, disfrutarás de tu día a día, y tratarás de hacerle la vida más fácil a los demás, aportando lo que esté en tu mano para que cada persona encuentre su camino.

Piensa en lo que realmente quieres en tu vida, ponte en marcha y ve a por ello. De esta manera, poco a poco iremos acercándonos a esa realidad.

¿Utopía? Yo creo que no.

Javier Frías
Socio Fundador y Director Ejecutivo
Coaching&YOU